Bandera de Sabana Grande Bandera de Puerto Rico



Escudo de Sabana Grande

Sabaneños Sobresalientes

Los pueblos, su gente e instituciones, se hacen grandes cuando pueden mostrar con orgullo su historia.

Óleo de Don Augusto Nicolás Malaret Yordán, realizado por Frank Nanartonis, de la Colección Ateneo Puertorriqueño.
Lcdo. AUGUSTO N. MALARET YORDAN
(1878 - 1967)

por: Norberto Lugo Negrón1

Nació en Sabana Grande, el 31 de julio de 1878. Desde muy joven llamó su atención la forma de hablar y expresarse de los jíbaros. Aunque recibió educación en las escuelas del país, el producto de su intelecto fue resultado de su disciplina autodidacta. También contribuyó en parte la época en que vivió, la cual se enmarca en las postrimerías del Régimen Español y sus efectos correspondientes. Se destacó como redactor del único semanario literario que se haya publicado en Sabana Grande, La Luz de la Sabana. Después se dedicó a la enseñanza en la ciudad de Ponce por espacio de un lustro (5 años) y también se desempeñó como Director Escolar.

En
el 1907 termina por estudios libres la carrera de abogado y establece su bufete en San Juan. A la par con su nueva faceta profesional, realiza una importante labor en temas jurídicos. Más adelante pasa a ocupar el cargo de Registrador de la Propiedad, el cual ocupó hasta el 1944, fecha de su jubilación. Mientras ocupa dicho cargo, se interesa por la lexicografía mediante la lectura de trabajos filológicos de investigadores hispanos como Menéndez Pidal y Navarro Tomás, entre otros. Por su afición a la lexicografía y por su dinámica labor de investigación, recopilación y estudio, surge su valiosísima obra "Diccionario de provincialismos de Puerto Rico" (1917). Este valioso estudio se concentra en las voces regionales y características del español americano.

Don
Augusto fue miembro fundador de la Academia Puertorriqueña de la Lengua y de la Academia Puertorriqueña de la Historia. Los méritos de la labor lexicográfica de don Augusto Malaret le han ganado elogios de destacadas personalidades del campo de la linguística y de los estudios hispánicos en general. Surgen esos elogios de eminentes escritores de las tres Américas, el Caribe, Europa y hasta Rusia. Entre sus obras también se destaca el "Diccionario de americanismos" (1925) al ser el primero en su clase que se publicara en el mundo hispánico. Don Augusto Malaret perteneció al Ateneo Puertorriqueño, el cual le reconoció públicamente y le otorgó la Medalla de Servicios Distinguidos. La Universidad de Puerto Rico le otorgó el grado de Doctor en Letras Honoris Causae por su conocimiento, organización y difusión de las aportaciones lexicográficas de Puerto Rico a la lengua española. El Instituto de Puerto Rico, en la ciudad de Nueva York, lo nombró Presidente Honorario Vitalicio en el 1956 y en el 1960 Ciudadano del Año. En el 1965 el Instituto de Cultura Puertorriqueña le reconoce por su destaca labor en le campo de la cultura insular. Pese a no haber tenido un amplio trasfondo intelectual en el campo de la linguística desde sus comienzos, eminentes críticos le colocan como una figura prominente de la lexicografía hispanoamericana. Murió el 23 de febrero de 1967, en San Juan.

Hoy
día, el edificio que alberga nuestra Biblioteca Pública lleva su nombre, un jibarito petatero que supo poner a su pueblo y a su patria por todo lo alto.


Ciudadano de la cultura
Por: Josefina Barceló Jiménez2

Los
que hayan oído hablar de Augusto Malaret como lexicógrafo o los que hayan leído alguna vez sus diccionarios, sus trabajos eruditos o sus ensayos literarios, estarán de acuerdo que en él tienen los puertorriqueños un ejemplo magnífico de lo que es un ciudadano de la cultura.

Pocos
puertorriqueños han hecho resonar el nombre de esta Isla en las esferas culturales del exterior como lo hizo este gran hombre, cuyo 125 natalicio se celebra este mes. Sus trabajos sobre la lexicografía puertorriqueña e hispanoamericana constituyen obras de obligada consulta para los estudiosos de la lengua española en ambos hemisferios.

La
obra de Malaret es tanto más de apreciarse si se considera que fue un autodidacta, y que por su cuenta se impuso la tarea a la que consagró su vida, sin esperar recibir apoyo económico para costear sus investigaciones ni para la publicación de sus libros.

Augusto
Nicolás Malaret Yordán, hombre de estirpe catalana por la vía paterna e italiana por la materna, nació en Sabana Grande, Puerto Rico, el 31 de julio de 1878. Recibió educación en las escuelas del país. Desde muy joven se dedicó a las faenas intelectuales en el Puerto Rico que había pasado de las manos de España al poder de los Estados Unidos. En aquellos años su familia lo envió a una hacienda de café en Adjuntas para que se ocupase del trabajo de los peones. Desde su llegada le llamó la atención, especialmente, la forma de hablar y de expresarse de los jíbaros. A donde quiera que iba, llevaba consigo unos papeles que llenaba de apuntes. Ahí recopiló décimas y coplas y empezó a anotar todas las palabras del habla campesina. Fue el punto de partida para sus estudios de la lengua.

Años
más tarde escribió, en uno de sus ensayos sobre el idioma jíbaro, que todos los puertorriqueños "hemos de confesar, sin que nos ruborice el hacerlo público, que siempre nos ha encantado, dejando el alma envuelta en plácida añoranza, la fabla vulgar y pintoresca de nuestros ignaros y simples campesinos". Sostenía el letrado, que este fenómeno de la supervivencia de voces obsoletas no es originario ni privativo de Puerto Rico, sino común a todos los países hispanodicenses del Nuevo Mundo y a las mismas provincias de la España peninsular. "El charro de Méjico, el guaso de Chile, el llanero de Venezuela, el gaucho de Argentina, el guajiro de Cuba y el vale de Santo Domingo conservan, sin saberlo, a flor de labio, los desheredados vocablos del amado tesoro español, como remedo y consecuencia del lenguaje que nos trajeron nuestros antepasados."


HOMBRE VERSATIL

Malaret
también se destacó como redactor del único semanario literario publicado en Sabana Grande, La Luz de la Sabana. Se desempeñó en funciones docentes -maestro y director escolar- en Sabana Grande, Cayey, Lares y Ponce.

En
el 1907 terminó, por estudios libres, la carrera de abogado y estableció su bufete en San Juan. A la par con su nueva faceta profesional, realizó una importante labor en temas jurídicos.

En
otra etapa de su vida ocupó un cargo en Aduanas. Más adelante, el puesto de Registrador de la Propiedad, en el cual trabajó hasta el 1944, fecha de su jubilación. Mientras ejerció dicho cargo, se interesó por la lexicografía mediante la lectura de trabajos filológicos de investigadores hispanos como Rafael Menéndez Pidal, Tomás Navarro Tomás, Pedro Henríquez Ureña, Samuel Gili Gaya y Rufino José Cuervo, entre otros lingüistas y lexicógrafos.

Buscaba
Malaret, en los escritos de estos grandes hombres, las variantes del vocabulario, cotejando con el caudal de la lengua en la Península Ibérica, para rendirle cuenta al mundo de la contribución lingüística de los latinoamericanos al enriqueciminto del idioma español.


OBRAS MAYORES

Sus
rutinarias labores como Registrador de la Propiedad de San Juan, antes que estorbarle, propiciaron, tal vez, su vasta y paciente labor de investigador, de la que fueron fruto muchas de sus obras.

Al
escritor puertorriqueño, Antonio S. Pedreira, le asombraba "pensar que un solo hombre (refiriéndose a Augusto Malaret), con las horas laborables del día al servicio del Gobierno, haya podido hacer en sus nocturnas horas de descanso y en los días de fiesta oficial, un trabajo tan minucioso, lleno de rebeldes pormenores que, por pequeño que parezca cada uno, requiere horas de estudio y reflexiones."

De
su labor de investigación, recopilación y estudio, surge su obra "Diccionario de provincialismos de Puerto Rico" (1917). Este valioso estudio se concentra en las voces regionales y características del español americano.

Entre
sus obras también se destaca el "Diccionario de americanismos" al ser el primero en su clase que se publicara en el mundo hispánico. La primera edición consta de 641 páginas con un índice científico de fauna y flora. Se publicó en el año 1925, en Mayagüez.

En
una conferencia leída en el acto celebrado por el Instituto de Puerto Rico en Nueva York al conferírsele el título de Ciudadano del Año a don Augusto, en 1960, María Teresa Babín aseguró que esta obra -refiriéndose a la del Diccionario de Americanismos- coloca el nombre de Augusto Malaret en el mapa lingüístico del mundo. Por ella recibió los elogios y los juicios críticos de los hispanistas más famosos de España, Italia, Alemania, Francia, los Estados Unidos, y todos los países latinoamericanos.

Desde
París, el eminente Foulché Delbosc opinaba que "es una obra de vastísima erudición y admirable paciencia que ha de prestar inmensos servicios a cuántos nos interesamos por los estudios de la filología española"; mientras el novelista Armando Palacio Valdés escribía: "es un trabajo muy notable y de gran utilidad para nuestro idioma: es una obra benemérita que merece la gratitud tanto de españoles como americanos..." y Rodolfo Lenz, de Chile, comentaba lo siguiente: "Me gusta mucho la forma corta y precisa, sin palabrería del Diccionario de Malaret...".

En
el año 1928, Malaret da a la publicidad su propia Fe de Erratas para el Diccionario de Americanismos. El letrado creía que obras de ésta índole siempre pueden y deben aumentarse, corregirse y mejorarse, por lo cual continuó su labor autocrítica durante varios años, añadiéndole suplementos a las nuevas ediciones del Diccionario.

Otra
de las grandes aportaciones de Augusto Malaret es Vocabulario de Puerto Rico. De esta obra hay dos ediciones: la primera, del 1937, y la segunda, del 1955. En el prólogo de este libro expone con acopio de citas los puntos referentes a las aportaciones del negro y del indio a la lengua española en la Isla; explica la evolución histórica del castellano desde el siglo XVI hasta el siglo XX en Puerto Rico; da una lista de palabras en las cuales el jíbaro no aspira la letra hache, entra en el análisis de la conversión de r final en l y todo lo relacionado a la traslación de los dos sonidos; señala los vulgarismos en el lenguaje culto y establece el contraste entre el castellano de Puerto Rico y el castellano del resto de América. Incluye, además, una lista de refranes y algunas coplas.

El
contenido del libro se reparte en arcaísmos, palabras cuyo significado original ha cambiado en el país; vocablos de los idiomas aborígenes, y neologismos. Al significado sigue una cita de folklore o de obras literarias cultas para ilustrar el uso, se indica, además, la procedencia española del término, si no es creación del país, y la extensión de su uso en otros países americanos cuando esto ocurre.

En
1955, varios intelectuales de Puerto Rico coincidieron al escoger este libro como una de las obras más importantes del siglo XX en la Isla. Hernández Aquino aseguró que en este libro "Malaret salva multitud de palabras puertorriqueñas, que de no ser por su paciente labor, se hubieran perdido para siempre, en perjuicio de nuestra cultura, pues ellas evidencian en parte nuestro modo de ser".

Afirmó
María Teresa Babin que si el Diccionario de la Real Academia ha llegado a incorporar voces americanas a sus ediciones modernas, se le debe esto, en gran parte, a la temprana y tenaz persistencia de Malaret. Sin duda, Malaret se adelantó a los tiempos. En la edición del 2000 del Diccionario de la Real Academia Española se incluyeron vocablos puertorriqueños y en el diccionario de Dudas, próximo a salir, se incluirán modismos puertorriqueños.

Además
de esas obras mayores, en la bibliografía de Malaret se destaca Por mi patria y por mi idioma (1932), su libro Medallas de Oro (1928). En él recogió, de una manera muy patriótica y romántica, las semblanzas biográficas de Fernández Juncos, Salvador Brau, Baldorioty de Castro, Gautier Benítez y Pachín Marín, y Semántica americana (1940).

Abundan
, además, las monografías y los artículos en revistas y periódicos sobre temas múltiples, y varios estudios de gramática.


FAMA BIEN GANADA

Don
Augusto fue miembro fundador de la Academia Puertorriqueña de la Lengua y de la Academia Puertorriqueña de la Historia. También fue miembro de honor de varias academias de la lengua, historia, etnología y folklore en los países latinoamericanos.

En
uno de sus artículos: Nuestra Historia Natural y el Diccionario Académico, cuenta Malaret que siendo miembro honorario de la Academia Chilena, don José Toribio Medina le envió, en 1917, el libro Voces chilenas de los reinos animal y vegetal para que, si podía,las incluyesen en el diccionario de la Lengua Castellana y las propuso para su examen a la Academia Chilena. Don Augusto, luego de leer la obra de Toribio Medina, le escribió para felicitarle por su hermosa labor. Aprovechó la ocasión para censurarle el que pidiese permiso para ver si las pudieran incluir en los diccionarios.

"¿Por
qué dice usted que esas voces chilenas "pudieran incluirse" en el Diccionario de Madrid, y por qué las propone para su examen a la Academia Chilena? ¿Podríamos, acaso, llamar con otros nombres a los animales y a las plantas silvestres de ese país, sino con aquellos que el pueblo les dio siempre uniformemente y desde tiempo inmemorable? Délos por admitidos y ¡santas pascuas! ¿Y para qué examen los propone usted? Délos por examinados, y basta. Admítalos o no el ilustre Senado de los Inmortales, hacia cuya benevolencia dirige usted sus ruegos humildes, esos vocablos ya han sido admitidos y examinados por todo un pueblo.


RECONOCIMIENTOS A UN GRAN HOMBRE

Don
Augusto Malaret perteneció al Ateneo Puertorriqueño, el cual le otorgó la Medalla de Servicios Distinguidos. En justo reconocimiento de sus méritos, la Universidad de Puerto Rico le confirió el grado de Doctor en Letras Honoris Causa (1958) por su conocimiento, organización y difusión de las aportaciones lexicográficas de Puerto Rico a la lengua española.

El
Instituto de Puerto Rico, en la ciudad de Nueva York, lo nombró Presidente Honorario Vitalicio, en el 1956, y en el 1959, Ciudadano del Año. En el 1965 el Instituto de Cultura Puertorriqueña le reconoce por su destaca labor en le campo de la cultura insular.

En
1961, tras diez años de residir en Nueva York, Malaret regresó a la Isla. Murió el 23 de febrero de 1967, en San Juan.

En
ocasión del 125 natalicio de Augusto Malaret, el 31 de julio de 2003, el municipio de Sabana Grande le rinde tributo. La actividad se llevará a cabo a las 10:00 de la mañana, en la biblioteca pública de Sabana Grande.


1. Información obtenida del libro "LOS MUNICIPIOS DE PUERTO RICO", SU HISTORIA Y SU CULTURA - SABANA GRANDE, escrito por el sabaneño Norberto Lugo Negrón; Estado Libre Asociado de Puerto Rico; Departamento de Instrucción Pública; División Editorial; 1988.

2. Artículo publicado en la Revista DOMINGO, El Nuevo Día, 20 de julio de 2003.

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