BLANCA MARIA MALARET Vda. de SALIVA (1881 - 197?) por: Norberto Lugo Negrón***Esta distinguida sabaneña nació el día 2 de julio de 1881, según consta en el Archivo Parroquial de Sabana Grande. Como toda una autodidacta, su pasión estaba centrada en la lectura, la cual le proveyó los conocimientos que sirvieron de base a su fructífera vida. A la llegada de los norteamericanos a Puerto Rico, tuvo la oportunidad de ser una de las primeras puertorriqueñas en tomar los exámenes especiales que ofrecía el nuevo gobierno para nombrar maestros que impartieran la enseñanza, principalmente en los campos o ruralías. Estos exámenes eran más bien unos preparatorios que tenían por objetivo "habilitar" maestros para enseñar y no unos cursos formales. Sin embargo, la motivación y espíritu dinámico de doña Blanca quedan ilustrados en la época en que ella se manifiesta. Su forma de expresión y buena disposición hacia el trabajo fue como una excepción a la regla.Enseñó en una escuelita del Barrio Minillas de San Germán mientras transcurrió el tiempo para tomar los exámenes para maestra graduada, lo cual logró al año siguiente. Luego de iniciarse en el magisterio, asistía los veranos a los Estados Unidos en su empeño de aprender bien el idioma inglés y ganar dominio de ese idioma. Fue enumeradora del primer censo efectuado en la Isla. El Sr. Manuel Badrena, su supervisor inmediato del censo, informó que felicitaba a doña Blanca por "la limpieza, correción, exactitud y rapidez en su trabajo". Aprobado los exámenes requeridos para maestra principal, ejerció dicho cargo en Ponce, Yauco, Sabana Grande y Mayagüez. Aquí conoció al que fue su esposo, un Licenciado en Farmacia, quien era viudo. Sobre este aspecto de su vida, doña Blanca le contó a una reportera del periódico El Mundo la siguiente anécdota, durante una entrevista que le hicieran a fines de los años sesenta. Relató ella que "... tenía una alumna muy mala para los números a quien una vez le dió una nota muy baja. El padre de la niña la visitó para averiguar por qué era aquello... y se enamoró de la maestra".Al conocer a don Augusto Saliva, renunció al magisterio para dedicarse a criar los cinco hijos del matrimonio anterior de su esposo. Como madre fue un verdadero ejemplo de amor, según sus propios hijastros lo relatan, quienes por mucho tiempo la llamaron "Miss Malaret", ya que su hijastra mayor había sido si discípula. Por su amor hacia la lectura, doña Blanca tenía un álbum de versos, el cual donó al Museo de la Universidad de Puerto Rico, donde otros ilustres puertorriqueños como José de Diego, Luis Muñoz Rivera, Ramón Emeterio Betances y Federico Degetau habían registrado su firma.Aunque se retiró del magisterio, su voluntad hacia el servicio al prójimo no cesó. Se desempeñó como Presidenta de la Cruz Roja Americana Capítulo de Mayagüez en la segunda década del siglo XX, para la época en que Puerto Rico sufrió los embates de un terrible y devastador ciclón en el 1914, durante los temblores de tierra del 1918 y la epidemia de influenza que sobrevino a consecuencia de este último desastre natural. Luego fue honrada con un diploma y un viaje a las ciudades de Nueva York y Washington DC por la Cruz Roja Americana en reconocimiento a su excepcional labor en los mencionados desastres.En el 1920 enviudó y poco tiempo despúes comenzó a trabajar en el Registro de la Propiedad de Mayagüez, y luego pasó a trabajar en el de San Juan. Se cuenta que siendo su jefe en estas últimas ocasiones su propio hermano, don Augusto Malaret Yordán, ésta nunca llegó tarde a su trabajo ni faltó un solo día. Renunció a ese puesto para hacerse cargo del Pensionado del Colegio Puertorriqueño de Niñas en Santurce, y de allí pasó a la Residencia Carlota Matienzo de la Universidad de Puerto Rico, donde dirigió la misma por quince años consecutivos. Doña Blanca sentía mucha admiración hacia su pueblo natal, por lo cual expresaba con mucha firmeza que "...Sabana Grande es el pueblo más lindo de toda la Isla".Esta distinguida dama gustaba de coleccionar sellos durante sus años posteriores, pero su amor por la lectura no cesaba. Viajó a los Estados Unidos, pero esas últimas experiencias no sustituían las satisfacciones que a lo largo de su vida derivó de su servicio al prójimo. Por dicha razón manifestaba las siguientes palabras: "...me entregué en cuerpo y alma a mi profesión, creo que he cumplido mi parte en la vida, ya que lo hice todo de corazón".Sabana Grande tiene el orgullo de haber sido la cuna de esta gran mujer puertorriqueña. Aunque no figura en ningún compendio biográfico de puertorriqueños ilustres, los artículos y semblanzas que han sido publicados en periódicos y en el "Heraldo Sabaneño" hacen reconocimiento a esta dama sabaneña, única en su clase, quien mediante su servicio contribuyó al enaltecimiento de este pueblo y de todo Puerto Rico.Doña Blanca Malaret murió en San Juan, a mediados de la década del setenta. Para preservar su memoria, el edificio que alberga nuestra Escuela Superior lleva su nombre, honor a quien honor merece. *** Información obtenida del libro "LOS MUNICIPIOS DE PUERTO RICO", SU HISTORIA Y SU CULTURA - SABANA GRANDE, escrito por el sabaneño Norberto Lugo Negrón; Estado Libre Asociado de Puerto Rico; Departamento de Instrucción Pública; División Editorial; 1988.
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