En la planta baja de la casa grande, hoy Hacienda Quilinchini, hay libros, muebles, retratos, una colección de escopetas y armas antiguas y una bayoneta que recuerda cuando un batallón de soldados americanos pasó la noche en la hacienda durante un episodio de la Guerra Hispanoamericana.La actual Hacienda Quilinchini consta de la casa grande, el ingenio y un ranchón para almacenar la maquinaria agrícola. Junto a todo eso fueron evolucionando también a través de los años las casitas de los trabajadores frente al Camino Real que en la actualidad son pintorescas cabañas de alquiler, cada una con dos habitaciones, cocina, comedor, baño, patio y balcón.¿Cómo es esa casa de la Hacienda Quilinchini? Solariega, hermosa, imponente. Siglos después sigue allí, incólume, con la cara al sol, dominándolo todo con su gracia y blancura. La casa es de dos plantas y está muy bien conservada. Todavía tiene madera de ausubo en los pisos. Mirando el patio desde el hermoso balcón se puede notar una fuente morisca, pequeñasd plazoletas y estatuas antiguas. Hay parterres llenos de verdor que se esmeran en destacar mejor la blancura del palacete. La brisa es suave y te llena de paz.Al momento de publicación de este artículo, la castellana de la casa, doña Iraida Muñoz McCormick Vda. de Rodríguez, mira el paisaje con tristeza y añoranza - hace poco el Señor le había reclamado a don Hamílcar Antonio Rodríguez Quilinchini, su amantísimo esposo. Aquí quedó ella sumida en la realidad del presente, sin él, su gran amor, teniendo que asumir la responsabilidad de criar y educar a sus hijas Iraida Mercedes y Blanca María. Las tres damas habitan la casa en paz, amor y trabajo. Los recuerdos las sostienen. Desde el cielo don Hamílcar vela por ellas y su espíritu las acompaña. Al pasar al interior de la casa - después de ver un jardín y balcón maravillosos - se entra al salón principal. Muebles isabelinos hechos en la Isla son el punto focal de la decoración. Dos consolas que datan de muchos años dominan por su estatura y elegancia; mesa central con tope de mármol donde posa una figura Lladró, Mujer con gansos; otra mesa muy antigua donde descansan varios objetos de porcelana y una colección primorosa de cajitas. Un gran cuadro para el que posaron Iraida y su hija Iraidita para el pintor Salamán (padre católico) decora una pared. Muy cerca hay un pilar de mármol con lámpara española y otra mesa francesa con tope de mármol. Sigue a esta pieza el comedor formal, exquisitamente amueblado, con piezas procedentes de Hong Kong, donde los Rodríguez-Muñoz pasaron su luna de miel. Hay tres muebles sensacionales revestidos en fina laca negra, cuyas puertas se abren con tiradores que constituyen figuras de porcelana en suaves colores del Oriente. 
En la terraza el ambiente es totalmente italiano, con sus inmensas balaustradas y muebles cómodos en madera y mimbre. Hay aquí ese cluttered look que tanto gusta a los visitantes. En la parte este de la pieza, otra terraza tipo loggia con columnas corintianas y balaustrada, en la que los muebles son en hierro blanco y tapizados con cojines rosa.Rodeando la estructura, un terreno donde hay árboles de quenepa, mangó, caimito, aguacate, corazón, guamá, palmas de coco, palmas reales, cedro, ausubo, caoba, roble y guayacán.Los dormitorios de la residencia son amplios. El de Iraida tiene una cama espanola con cabezal pintado a mano donde predominan tonos de azul y oro. Iraidita vive como una regalona en su aposento fabuloso donde el rojo pone su nota de color. Blanca María decoró en plan más moderno.Vale la pena un viajecito a Sabana Grande y retroceder tres siglos deambulando por la hacienda.
|