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Escudo de Sabana Grande

OBRAS LITERARIAS
DE
DON CALIXTO CARRERA

Los pueblos, su gente e instituciones, se hacen grandes cuando pueden mostrar con orgullo su historia.

Don Calixto Carrera Montalvo, un noble puertorriqueño hijo de Sabana Grande

CLANGOR
Poemas Navideños
Por: Calixto Carrera Montalvo

DEDICATORIA

A
ti, amigo sincero y fraternal, esto te digo:

Altivo está el pendón de tu nobleza
Dornado el aire de pensil riqueño,
Radiando la bondad de que eres dueño,
Inmune a vanidad en tu grandeza;
Artista en el pincel como en el estro.
Notable en tu dación como maestro.

Notoria es tu virtud de hombre sencillo
Empero ser del arte un paradigma,
Lo que a los muchos les resulta enigma
Saber que esplendes con gigante brillo
Obviando la altivez y al ente enano
No niegas tu amistad de buen cristiano.

Reconociendo tu grandeza suma
A ti dedico con caduca pluma
Mis versos con sazón a Epifanía
Inmunes al matiz, mas con euforia,
Reconociendo en ti, que en don benigno,
En tu sendero alcanzarás por digno
Zenit iluminado de victoria.


A Manera de Prólogo
por
Francisco Lluch Mora

Acuso
recibo de su poemario Clangor, que me remite en cálido conjunto, bella evidencia del poeta que hay en usted.

Se
deleita usted utilizando un lenguaje coloquial que es el más apto para expresarnos el diálogo armónico, en la descripción del pesebre todo, en la captación de la figura única del Niño Jesús, Rey de Reyes, la más excelsa que la humanidad ha producido. Ha logrado la captación hagiográfica delicada y tierna del Infante recién nacido.

Con
este Clangor, voz que emplea con precisión, no sólo en el título del cuaderno, sino en repetidas ocasiones en conjunto, aporta cierto aspecto festivo pleno de alegría en el festejo de la Navidad.

Clangor
es un conjunto de cantos que manifiestan el amor del poeta a las figuras del drama histórico de Belén y a las personas que viven la acción: la Virgen Madre, el Niño Jesús, el Ángel de la Anunciación, el Espíritu Santo que comunica el secreto del Milagro, el santo José, compañero de María, y como ella, miembro del linaje de David; la mula, el buey, el borriquito, los corderos, etc. El final es la perenigración de los Reyes Magos con su ofrenda de oro, mirra e incienso, presentes que llevan desde el inicio de su caminata para ofrecerles al Señor en el pesebre.

Relata
, además, con precisión y espontaneidad, la presencia de los pastores que al son de la flauta, el sistro y otros instrumentos, crean un ambiendte melódico ilumidador de la escena que se vive y el encanto de uno de los instantes más conmovedores que registra la historia del hombre.

En
su libro, Clangor, se aúnan dos tipos de poemas que obedecen a dos estructuras técnicas y a dos maneras esenciales de ver y entender el mundo: la ascética-religiosa y la hedonística.

Los
versos de arte mayor en bien logrados alejandrinos, traen a mi memoria la tesitura estética del tetrasforo de la cuaderna vía que con maestría se expresa en el Libro del Buen Amor del Arcipreste de Hita, en el que se funden asuntos profanos y sagrados lo que movió a María Rosa Lida, en su maravilloso trabajo sobre el Libro del Buen Amor a decir que "en él se ofrece claro la típica conciliación medieval de lo humano y lo divino..., un caso que emana de su actitud ante la vida, a la vez hedonista y ascética, y de su actitud ante el arte, que lleva en sus catedrales góticas a ornar la casa de Dios con la variedad infinita de la naturaleza". Ambos aspectos, el sagrado y el profano se unen en Juan Ruiz.

La obra vertiente medieval que aflora a mis recuerdos pertenece al Mester de Clerecía que se inicia a principios del siglo XIII, conjunto este último que se contrapone al Mester de Juglaría, grupo de obras religiosas litúrgicas y hagiográficas fantásticas, de atmósfera casi siempre culta. Los poetas del quehacer de Clerecía usan la cuaderna vía, el tetrasforo monorrimo ya indicado, y la lengua popular. Gonzalo de Berceo, figura esencialmente primigenia (fines del siglo XII y primera mitad del XIII), es el cantor más antiguo de la escuela de clerecía, primer poeta de nombre conocido en castellano. Verdadero poeta, tanto en versos de arte mayor, característico de clerecía, y de arte menor, propio del grupo de juglaría, expresivo de la nota popular, precursor en ese género de una de las grandes tendencias líricas de la lengua española (castellano, galaico-portugués, catalán, etc.) que constituyen la alborada, el nacimiento de una manera que nos llegará a los grandes líricos posteriores del XVI al XX tanto en España como en América. El Mester de Clerecía ya citado, nos llega desde el XII y XIII como la forma oculta, lírica también; pero preferentemente de arte mayor, desde Gonzalo de Berceo, el poeta de los Santos: Vida de Santo Domingo de Silos, San Millán de la Cogolla y la riquísima poesía que se recoge en la Carmina Sacra y Carmina Amaritúdinis, en que la Virgen María es el centro de la atención principal. Esta poesía está presente en la lírica de Ud., Don Calixto, de quien podemos observar ha frecuentado con genuina devoción la figura de la Madre del Señor, no sólo en el ámbito religioso, como literario. No vacilemos en llamarle el continuador más elocuente de la poesía en loor de la Virgen María, en calificarle de Góngora de Berceo la figura maravillosa de la Madre (Mater, como la llama Ud.) como por elogios en el verso apropiado y justo los "Milagros de Nuestra Señora".

Su
devoción, su fe, su sentido de la forma de alegría en sus bien logrados alejandrinos de catorce sílabas concebidas en unidades mayores, las que generalmente de cuatro compases fónicos, constituyen el alma del fenómeno anfíbraco.

Su
poema "Bajo la Gracia Célica" con que se inicia su brevario con una ambientación que sin ser festivo pleno de alegría.

Ya tornan las campanas del carillón armónico
a colorar los aires con son de Navidad
¡Es música...; rocío de gozo...; suave tónico
que aviva la esperanza y adorna la ciudad!

Ya suenan cristalinas bajo la gracia célica
signando que se acerca la dulce hora pascual,
y vuelven las visiones de clarinada angélica
cantando del Milagro Sublime del portal.

Ya llenan de armonía la Navidad del trópico
iluminando el alma de un ansia de cantar,
y contemplar la tierra como un Edén utópico
donde la paz domina y es reina tutelar.

Sólo
hemos transcrito, como podrá apreciar el lector, las tres primeras estrofas, compuestas como se ha indicado, en alejandrinos bien elaborados.

Si
su composición "Bajo la Gracia Célica" dispusiera de estrofas que constaran de cuatro versos monorrimos, estaríamos ante un caso típico de cuaderna vía, próximo al Mester de Clerecía en unas bellísimas y sentidas formas que Gonzalo de Berceo nos dejó en los siglos XII y XIII, en esa fina y candorosa iniciación de nuestro lirismo hispánico, en ese balbuceo de lo que empieza a vivir, y que recuerda el advenimiento del Niño Jesús entre las pajas y la pobreza del recinto en que vino al mundo.

Estamos
, pues, en Clangor (del latín-clangos oris), m. poético. Sonido de la trompeta o el clarín. (Decimario de la lengua española, vigésima edición, Tomo I, Real Academia Española, Madrid, 1984, pág. 322, 3ra col.) en una encantadora alborada de cálido ambiente religioso, casi litúrgico, todo construido en un marco primitivo de auténtico candor, con algo de narrativo en muchos instantes y en otros, dramático, todo concebido en un escenario sencillo y a la vez maravilloso.

Otros
de los puntos de contacto en su poesía de sabor navideño, es que en el conjunto de clerecía en que nos brinda acertados alejandrinos que recuerdan pasajes, como se ha dicho, característicos de la cuaderna vía en lenguaje claro, sencillo, espontáneo que está a veces más cerca de la juglaría. Sin embargo, en su obra se conjugan el lenguaje oculto, selecto, con el popular de cancioncillas y romancillos de arte menor, en una lengua en que suele el pueblo hablar con su vecino.

No
quiero terminar mi modesto análisis de un conmovedor cuaderno sin referirme a su nítida y tierna composición, "Estás feliz, Jesús", soneto en versos endecasílabos, enmarcando estilísticamente en la atmósfera post-modernista, la que revela su habilidad para cantar a tono con la manera del mester de clerecía, de juglaría y otras vertientes como las que acabo de mencionar, la post-modernista, no exenta de cierta influencia y de giros culteranos.

Su
soneto, "Estás feliz, Jesús", cándido y conmovedor, expone una idea fundamental: ¡Bendito tú que a los humanos vienes! He aquí el mito:

Estás feliz, Jesús, en el pesebre
flor de esperanzas encarnada en niño
Y al darte como ofrenda mi cariño
me pide el corazón que lo celebre.

No soy del verbo el consagrado orfebre
que acendre del cantar como el armiño
más, dándote mi amor, tal me constriño
que dejo que mi verso te requiebre.
¡Bendito tú que a los humanos vienes
cual un Niñito con tus carnes lenes
echado en pajar de lar sencillo...!

En esta tu humildad, me eres ejemplo
y encuentro tu pajar ara de templo
donde mi orgullo artificial humillo.

Sabe
Ud. comunicar eficientemente la alegría del Infante, envuelto en pañales celestiales, que yacen sobre los pajares del pesebre. Ve Ud. metafóricamente al recién nacido en su encarnación como "flor de esperanza convertida en Niño."

Sabe
Ud. mover en el soneto que antecede al fenómeno pleno de la metamorfonía, el cambio de las cosas en presencia, con precisión inusitada. Expone, además, en la segunda estrofa, una humilde actitud. Se considera Ud. "no ser del verbo el consagrado orfebre." Sin embargo, el manejo del lenguaje de los versos segundo, tercero, o cuarto, se me antoja, manifiesta juego de palabras que recuerdan a veces el momento culterano que se nos fue fraguando desde bien temprano en el siglo, hasta abordar en el siglo XVII, ese delirio expresivo de la lengua con su distorsión tanto en el empleo de la metáfora como en el uso atinado del símil, la onomatopeya, etc., así como la presencia del mito y su significado.

Es
también pertinente citar el uso de expresiones italianizantes, que nos mueve a pensar que ha frecuentado a los grandes poetas renacentistas, tanto italianos como españoles que se adhirieron con frecuencia a la visión fomal que nos brinda, ej., en Quevedo, Góngora, Calderón, Conde de Villamediana, etc., quienes recibieron el impacto de los elementos artísticos del temprano barroco italiano, y que además, han influenciado en nuestro lenguaje poético peninsular y el hispanoamericano.

Sería
prolijo enumerar en Clangor los poemas más significativos de su excelencia artística. No obstante, creemos pertinente citar algunos títulos de arte mayor como de arte menor. En estos últimos, los de arte menor, emplea el octasílabo, tan propio del aguinaldo y del villancico, cuyos orígenes se remontan a los siglos XII, XIII llegan a la perfección formal del Siglo XV, y aborda su más alto grado de delicadeza y de puro lirismo en el XVI, XVII y XX.

Llega
Ud. en este género del villancico a un grade de artística belleza en el uso lejano pero presente del Marqués de Santillana, De Fermont, Manuel de Lando, de Rodrigo Catar, de San Alfonso de Baena, etc.

En
esta aparente sencillez que emplea las estrofas en versos de arte menor, aportan las composiciones que siguen, de las que citaremos sólo algunas por no alargar el trabajo demasiado. He aquí algunos títulos: "En el pesebre", "El burro musical", "Nana De amor", "Olor a paz", "Vía de paz", "El pardo establo", "Pañal", etc.

Los
poemas de arte mayor, alejandrinos, endecasílabos, etc., forman un conjunto de excelencia. "¡Bien!", fino soneto de pulidos versos. "Música de miel" continúa la forma soneto, poema de genuino sentido del ritmo, girando siempre en el tema de la Epifanía. "Dios Sublime", "Hora de Emanuel", escritas ambas composiciones, excelentemente trabajadas, girando también en la temática hagiográfica, siempre en luz de pesebre para el Niño Dios, que constituye el sentimiento ínitimo del poeta, la razón de ser en su tiempo, la presencia del Niño "astro de feliz desarrollo", que ilumina el universo todo con su presencia.

Es
pertinente referirme al canto plenamente navideño, "Arbolitos de la Navidad", uno de los más excelsos en el conjunto, el mejor compuesto y el que queda en el fondo del espíritu con su tristeza de ayer y su luminosidad perpetua.

Adrián
Nelson Ramírez, buceador de lo intangible y escritor de excelencia, se refiere a su obra de Ud. de la siguiente manera: "Son pocos los poetas que han logrado una producción tan vasta, tan abundante de tanta exquisitez y trascendencia."

Uno
de los aspectos rectores de sus versos, que ya habíamos observado, es el que apunta, además, Adrián Nelson Ramírez, al señalar gran cantidad de cánticos a la alegría en Mater Amábilis, y tambien en Clangor (Poemas Navideños), etc. Adrián, crítico y artista de primer orden es excelente en enumerar varios instantes en ""Mater Amábilis", en ellos apunta:

"Al verme en el sendero sin su presencia augusta
me es dura la jornada y frígido el invierno.

Hoy se cumplen dos años... ¡Enero diecisiete!
Pasó la sombra fosca sobre la luz del día... ..."

Le
felicito, Don Calixto, por este libro que está saturado de amor mariano, de fervor religioso de extenso sentido del ritmo, de retorno a formas estróficas y en ciertos instantes a estilos primitivos. Clangor es un libro que expresa el dolor que hay en su ser, en la fe que le alienta y en la esperanza de su corazón. Esta es una obra por la que desfilan personajes cuya presencia Ud. actualiza; la Virgen María, Jesús el Carpintero, Jesús el Niño Dios, pastores que forjaron el drama de su presencia al son del sistro, la flauta, los crótalos y otros instrumentos; los animales que expresan presencia y sonido.

Gracias
poeta por darnos un universo de belleza y apasionado fervor navideño. Atentamente, su amigo, compañero y S.S., que le aprecia y le distingue.

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