Bandera de Sabana Grande Bandera de Puerto Rico



Escudo de Sabana Grande

Sabaneños en la Historia

Los pueblos, su gente e instituciones, se hacen grandes cuando pueden mostrar con orgullo su historia.

Hon. Orlando López Martínez

HON. ORLANDO LOPEZ MARTINEZ
(1921 - 1992)
UN HOMBRE EN LA HISTORIA
Por: Rafael David "TITI" Valentín

Hombre
de mediana talla, de eterna sonrisa, de estampa pueblerina, de rostro humilde y con una gran sensibilidad para captar las necesidades de su prójimo.

Nació
el 9 de noviembre de 1921 en el sector La Pica de Sabana Grande. Fue el sexto de once hermanos e hijo de don Liborio López, quien era agricultor y dueño de una cantera. Su señora madre, doña Margarita Martínez Texidor, fue una encantadora mujer dedicada a las faenas del hogar.

En
el año 1949 se enamoró de una joven del barrio Minillas de San Germán, con la cual contrajo matrimonio: Ana Luisa Rivera. Lando tuvo tres hijas y disfrutó de la alegría y riqueza que le dieron sus siete nietos.

Don
Orlando López se educó en las escuelas públicas de los sectores La Pica y Magina de Sabana Grande y adquirió su cuarto año de escuela superior a través de los programas de instrucción nocturna.

Desde
pequeño fue un aficionado del beisbol. Organizaba torneos por los barrios del pueblo y se distinguía por su liderato. La fibra deportiva de don Lando ha trascendido décadas. Los amantes del softball le recuerdan por sus incursiones como "pitcher" en los torneos nocturnos y los fanáticos del beisbol jamás le olvidarán...

Lando y su varita mágica durante la celebración del hit 600 de Samuel Morales, cañón grande de los Petateros AA

Su
varita mágica en los juegos del beisbol aficionado intrigó a muchos, especialmente cuando su equipo Petateros de Sabana Grande estaba en aprietos. Todos recordamos escuchar desde las gradas de los parques a los fanáticos de la pelota dominguera gritándole: "Lando, saca la varita de la suerte". Lando fue un defensor del deporte en todas sus dimensiones, no solo en su pueblo desarrollando una obra gigante de facilidades deportivas, sino através de toda la isla.

Como
trabajador se inició a los 18 años como camionero de un rolo en la construcción de carreteras en la empresa de su padre. Trabajó duro en este quehacer hasta 1952, cuando inició una nueva etapa en su vida al convertirse en propietario de una pequeña tienda para vender proviciones en el sector La Pica de Sabana Grande. Por diez años se dedicó, como parte del negocio, a la compra y venta de frutas y alimentos através de la isla.

En
el año 1956 se inició en el servicio público como Asambleista Municipal. En 1958 sustituyó al Alcalde de entonces, don Monserrate Padró, quien se retiró de la poltrona municipal por motivos de enfermedad. Por su liderato y dedicación, la juventud popular de esa época lo reclamó como su candidto a la alcaldía, la cual aceptó luego de recibir el apoyo de su familia, especialmente el de su padre que siempre fue su primer consejero. Desde los comienzos de su administración, las ejecutorias de Lando como Primer Mandatario del Pueblo tomaron un perfil de excelencia. Recibió el apoyo mayoritario de todos los sectores sociales de Sabana Grande, principalemte de las familias humildes. Su identificación con el dolor del sufrido lo hace vivir eternamente en el corazón de toda la comunidad, especialmente cuando la familia sabaneña sufría un momento de dolor al perder un ser querido. Lando siempre participó en los duelos de despedida y alentaba al desconsolado en su dolor.

Su
obra está plasmada en todos los recodos: Lando atacó los problemas básicos del pobre, el desempleo, electrificación rural, agua potable para todos los barrios, caminos, carreteras, viviendas y problemas de salud. Fue un Alcalde de 24 horas y ayudaba a todos, sin importarle sus banderías políticas. Al dejar la Alcaldía, por voluntad propia, y luego de haberle servido a nuestro pueblo por un espacio de veintiseis (26) años, fue nombrado Ayudante Especial del entonces Gobernador de Puerto Rico, Lic. Rafael Hernández Colón, puesto que honró hasta la hora de su muerte. Don Lando fue algo increíble dentro de la tolerancia de un ser humano. Su obra pública y su capacidad nunca mermó, por el contrario, siempre tuvo el apoyo de su pueblo.

En
la lista de oradores siempre tomaba el último turno y a pesar de las inclemencias del tiempo, sus seguidores se quedaban para escucharle. Arrancaba aplausos, risas, silencios, mencionaba a todas las personas por su nombre y apellido, y cuando pronunciaba su "NEGROTA", frase que usaba con cariño para referirse a la mujer puertorriqueña y exaltar su valor, y su famoso "JA JAY" el cual acompañaba con un zapatazo en la tribuna, todo esto lo hizo ser un orador de estilo único que quedará para siempre en la memoria de sus seguidores. Su jocosidad y peculiaridad para ver las cosas hizo de su persona un personaje legendario. Aquellos que lo acompañaron en vida a alguna fiesta o reunión tienen que recordar sus plenas, y cuando no había música el mismo iniciaba el son con su peinilla de barbero, una lata de refresco y su mirada picaresca. Lando cantaba una plena puertorriqueña que hacía reir y gozar. Esta habilidad rebazó fronteras, pues se conoció en toda la Isla y en el extranjero.

Orlando
López Martínez fue ejemplo para todos. Amó a su pueblo profundamente y este pueblo le correspondió de igual forma. Hizo de sí mismo un personaje legendario. Todos recordarán su apego a la música, su peinilla de barbero a la cual le sacaba cualquier son, su mirada picaresca, su palmada en la espalda que se hacía sentir, su incuestionable don de gente, su carácter histriónico, su innata cortesía, su amor a Sabana Grande. Lando está en la historia de Sabana Grande y de Puerto Rico. En este hombre, Sabana Grande tiene la estampa del típico puertorriqueño, es un personaje de la historia. Supo mantener y querer a su equipo de trabajo y crecerse en los momentos más difíciles.

Descansa
en paz hermano y amigo eterno, siempre Alcalde, Lando López.

CERCA DEL TABONUCO
De izquierda a derecha: Hon. Antonio TOÑO Figueroa, Hon. Presby Santiago García, Hon. Orlando LANDO López Martínez
Por: Hon. Presby Santiago García **

Como
aquél viernes al caer la tarde, el domingo 26 de enero (1992), más o menos a la misma hora, en el camposanto de Sabana Grande, volvimos a sembrar. Y lo hicimos cerca de "mi viejo" y del tabonuco. Era semilla de la misma clase. Semilla buena. Orlando (Lando) López Martínez.

Todo
sucedió muy rápido desde su ingreso al hospital. "Me voy mañana", escribió en una pequeña libreta el jueves antes. Hablaba con dificultad. Y así fue. Se marchó tempranito en la mañana del viernes 24. En paz. Hacia la eternidad. Se corrió la noticia y poco tiempo después había lágrimas en muchos ojos.

El
viernes y el sábado le vimos dormir y lo arropamos con flores. El domingo apretujados dentro de la Casa Alcaldía que dirigió por 24 años, observábamos el interminable desfile de gente de todas clases y de todos los pueblos. Tocaban sus manos, su pelo, besaban su frente o delicadamente dejaban una flor sobre su pecho. Era la primera vez que él no podía contestar el saludo. Una pequeña niña se detuvo y preguntó: ¿"Qué le pasa"? "Está durmiendo", le contestó Ana, su viuda. "Pues despiértalo", reaccionó la niñita con visible inocencia y se alejó mostrando una ingenua esperanza.

Anticipando
la respuesta pregunté en voz baja: ¿"Por qué esta multitud"? "Por el carisma que tenía para ganarse la gente", me contestó sin titubear Agustín el carpintero, personaje de mi infancia que conocí a los cinco años cuando construía el comedor de la escuela elemental de mi barrio, La Pica, y quien me regaló los primeros pedazos de madera para construir mis carritos. Por un cuarto de siglo fue ese comedor fuente de vida y alegrías para mi madre. Hace varios años lo cerraron. Era más económico llevar los niños a la escuela del pueblo.

"Ese
era el padre de la decencia", añadió una señora a quien presté momentáneamente mi hombro tratando inútilmente de consolarla.

Y
salimos al fin para su iglesia. No cabíamos en ella y el gentío seguía creciendo.

"No
, en el carrito no, queremos cargarlo, pa'l cielo es que va, que lo cargue todo el pueblo", sugirió más nervioso que de costumbre Armandito Torres, su entrañable amigo, al bajar de la Logia Masónica ya pasadas las 3:00 de la tarde. Y así, más cerca del cielo fue cargado en hombros, lenta y solemnemente hasta el lugar seleccionado para la siembra.

No
queríamos llegar. Pero el paso lento nos permitio volver 40 años atrás para verlo manejando los camiones de su padre cargados de piedra y en día de elecciones en el lugar de la piedra, electores y esperanzas. Le recordé en el corte de caña allá en la finca familiar que atravesaba el Callejón de los López desde frente de la entrada de don Sindo Vélez y doña Ramona Lebrón hasta llegar a su casa. Reviví la promesa de Reyes que todos los años pagaba don Liborio y doña Margarita, sus padres, y para la que mi abuela Chencho era responsable de las almojábanas y el arroz con dulce. Regresé a la jugada de topos en la tiendita de don Lole para encontrarme allí con Aniceto el Pelú, montado en su yegua y vendiendo chicharrones. Y a la tienda de Lando en la carretera hacia Cerro Gordo, punto de tertulia política y centro de compra de tamarindos a tres centavos la libra (pelaos) y que tuvo que abandonar porque "voy a ser alcalde y quiero dedicarme a mi pueblo". Y cumplió su palabra más allá de la palabra.

Durante
esos 24 años sin ser retado nunca, como resumió Papín, los campos se luminaron, los caminos se hicieron carreteras, el agua llegó a la montaña y dio parcelas y abrió escuelas y repartió alegría y bondad y borró diferencias... y hubo paz.

Entre
miles y miles de agradecidos y voces que lo llamaban "Lando, adiós, Lando", vino a mi memoria el entierro de Muñoz, y el camino se fue terminando.

El Negrito de Maginas, personaje pintoresco de nuestro pueblo

Juan
del Pueblo, el negrito de Magina, lo lloró a su manera. En algún lugar dejó su bicicleta y durante todo el trayecto tocaba su sinfonía de boca dejando escuchar unas extrañas melodías que posiblemente sólo existen en su fantasía musical y que fueron empujadas hacia afuera por el dolor. Le vi regresar solo, con su sinfonía muda y en la otra mano un pañuelo que alguna vez debió haber sido blanco.

Fifi, personaje de pueblo
Fifi
, ese personaje de todos los pueblos que no entiende muchas cosas, entendió que "Papá Lando" no le había sonreído y dio mil vueltas. Le era difícil permanecer en un solo sitio. Vio mucha gente con gabán y corbata, y con gabán y corbata también lo cargó.

Llegamos
. No podíamos hablar todos, pero allí frente a él como si nos escuchara, los que pudimos hacerle le confesamos nuestro amor y le dibujamos nuestra admiración a nombre de los demás. Porque a Lando, sin ser cantante, le hacíamos coro para oírlo cantar. (París se enciende, se enciende París. // Teté Teté, adonde estará Teté, etc.) Porque Lando, sin ser músico, sólo necesitaba su peinilla y una caja de cartón, o una lata o un plato para encontrar "su ritmo" para sus interminables rimas.

Porque
Lando, sin ser atleta, amó entrañablemente al deporte y con su varita mágica inspiraba su equipo Petatero al que seguía apasionadamente todos los domingos acompañado de Baldí y Miguel Báez como siguió tantas veces a nuestro equipo nacional fuera de Puerto Rico. Porque Lando, sin ser orador, encendía las multitudes con su chispa, su carcajada en medio del discurso y su golpe de zapato en el piso de la tribuna y nadie se movía hasta escuchar su frase final. Porque Lando, sin ser bailarín, al sonar la música era el primero que salía a la pista con "una negrota", frase muy de él y que solía usar con mucha frecuencia y picardía. Porque en la mesa de dominó frente al colmado de Mandy Suárez, le veremos siempre... los sábados por la mañana. Porque su casa era la de todos. Porque jamás consideró a nadie su enemigo. Porque esparció su alma por todos los rincones para que le perteneciera a todos y a todos pertenece. Ya es eternidad.

No
sé si en algún momento sintió el flagelo de la ingratitud. Pero si lo sintió, como recordó Joe, su yerno, "su corazón era inmenso y perdonó". Con razón dijo Osvaldo Gil, "Lando fue un ser humano irrepelible".

Melo
y Rafael Hernández Colón depositaron la última flor y sollozaron el último adiós. Al fin lo sembramos. Más o menos a la misma hora al caer la tarde. Cerca del tabonuco y de "mi viejo" que lo esperaban. Porque era semilla de la misma clase: Semilla buena. Y dará buen fruto.

Maestro
... te nos fuiste así sin avisarnos, pero gracias por el libro que nos dejaste. Te alcanzaremos.


** El autor, para el tiempo que este artículo salió publicado en El Nuevo Día, el viernes 28 de febrero de 1992, era Portavoz de la Mayoría por el Partido Popular Democrático en la Cámara de Representantes.

SABANEÑOS RECUERDAN A EXTINTO ALCALDE
Por: Salvador Guzmán
EL MENSAJERO
Febrero 2005

Trece
años han transcurrido desde aquella fecha triste del 27 de enero de 1992, cuando sabaneños de todas las clases sociales se confundieron en un solo sentimiento de solidaridad para tributarle el postre adiós a uno de sus hijos más queridos, el inovidable alcalde Orlando "Lando" López Martínez. Hoy, la figura de quien fuera el "Decano de los Alcaldes de Puerto Rico" permanece latente en los corazones del pueblo que sirvió con honestidad, desprendimiento patriótico y dedicación.

A
opinión del ex-Gobernador Rafael Hernández Colón, "Lando" López fue siempre un ejemplo a seguir como maestro y ser humano. "Orlando era sencillamente extraordinario y me quería entrañablemente", recalcó el ex primer ejecutivo al referirse a la personalidad del político y mejor amigo.

Aún
recordamos el velatorio y sepelio del querido líder sabaneño, a cuya ceremonia asistieron más de 50 mil ciudadanos, familiares y amigos procedentes de todos los rincones de la isla y de lugares tan distantes como Miami, Nueva York y Nicaragua. Era tal el cariño que la gente sentía por "Lando" López que no escatimaron de tiempo ni distancia para viajar hasta su pueblo natal de Sabana Grande, para despedirlo con honores y tristeza.

Hasta
el momento de su deceso, este ilustre sabaneño laboraba en La Fortaleza, como ayudande especial de Hernández Colón, en el área de asuntos municipales, renglón gubernamental que manejaba con su consabida maestría. Excelente funcionario público y entusiasta de la causa deportiva - Petatera. López Martínez siempre extendió su mano amiga a quienes diferían de él ideológicamente. De esto puede dar fe el ex-gobernador Don Carlos Romero Barceló, a quien recibía en la Alcaldía a cuerpo de rey, y lo invitaba a su casa para almorzar juntos.

UN PETATERO QUE MARCO NUESTRA HISTORIA
Por: Norberto Lugo Negrón
EL MENSAJERO
Febrero 2005

Fue
aquél singular sabaneño que amanecía con el cantar del gallo, dialogando, planificando e impartiendo directrices, y en el conversar con sus compañeros del Municipio, desde la Plaza del Mercado hasta llegar a su oficina, en la Alcaldía, aprovechaba el albor matutino para acercarse al pueblo, en sus funciones oficiales, pero en amena tertulia que no diluía sus ejecutorias ministeriales.

Ese
fue el Orlando "Lando" López Martínez que conocimos, el querido en la altura como en el llano; el que distinguía tanto al sabaneño humilde, como también al acomodado. Fue servidoe público hasta su día final, dando forma a una infraestructura básica en su terruño natal para una comunidad que es mayormente residencial y pueblerina.

Su
estilo de gobernar fue percibido y elogiado por otros alcaldes, que aún adversarios políticos, le reconocían de su haber público y del grande apego a su pueblo, y su pueblo a él. Aún después de fallecer, en otros pueblos distantes al nuestro, me han comentado del aprecio y el respeto que se ganó de parte de amigos y sabaneños ausentes que lo recuerdan.

Su
quehacer diario no era de oficina solamente, lo encontrábamos en el hospital, en la plaza, en velorios y sepelios, en el juego de dominó, visitando enfermos o desde la tarima política con su peculiar !Ja, ja, ja! En la temporada de béisbol motivaba a sus Petateros con su "varita mágica", para cuando se cerraba la ventaja, y lo mismo fuera en el Felo Milán Padró, en Aguadilla, en Cabo Rojo, como en Fajardo, frente a los Cariduros, allá estaba Lando como sabaneño-petatero, fuente de inspiración con los suyos.

Así
era nuestro singular Lando López, sencillo y dado a su pueblo. Nació el 9 de noviembre de 1921, en el sector La Pica, del barrio Machuchal, y se nos fue hace trece años, tras sufrir un derrame cerebral.

Tuvo
la gallardía y hábil capacidad de estar por casi tres décadas en la poltrona municipal sabaneña, bajo la imcumbencia de cinco gobernadores.

Lando
perteneció al Club de Leones, al Club Exchange, a la Logia Igualdad #23, y a la Cámara Junior; entidades sabaneñas que junto a él unieron fuertes lazos mediante diversos proyectos para el progreso y bienestar de toda la comunidad sabaneña.

Fue
visto, como también recordado, por muchos compueblanos que al igual de otros le distinguen por su haber de servicio y el don de ser humano peculiar y extraordinario, que se ganó el amor de muchos.

En
una tarjeta de recordatorio póstumo la encabeza su nombre y unas letras del Salmo 11. Pero en su interior una nota del momento melancólico se aferra de otras letras nostálgicas para resaltar los valores que muchos observamos en aquel mandatario municipal, indicando: "...solo nos queda en el recuerdo una estela de vivencias: buenos momentos, tu sonrisa franca, la eterna palmada, tu genuina preocupación por el servicio, tus canciones acompañadas al ritmo de la peinilla, tu fervor al deporte, la broma sana, TU AMISTAD.

Todo
este caudal de aquellos inolvidables días constituye la herencia que nos legaste. !Gracias Lando, hasta siempre!"

Leemos
un reportaje del periodista Julio Víctor Ramírez (padre), en el cual describe los momentos finales del sepelio, cuando el Hon. Rafael Hernández Colón, Gobernador de Puerto Rico (1992), frente a los centenares de personas que caminaron hasta el Cementerio Masónico, le escucharon algo compungido decir: "Adiós, querido amigo, que Dios te de la plenitud del amor que tú nos diste a manos llenas; adiós Lando".

Por
su valía de sabaneño genuino ante su pueblo y su gente podemos afirmar que fue un petatero que marcó nuestra historia: Orlando López Martínez (Q.E.P.D.).

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