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Personajes típicos
De
SABANA GRANDE


Doña Juana Ramona Vázquez Báez, a quien cariñosamente conocímos como RAMONA. Mujer de carácter fuerte, pero a la misma vez muy alegre. Ante las injusticias siempre alzaba la voz en defensa del menos afortunado.
JUANA RAMONA VÁZQUEZ BÁEZ
(RAMONA)

Los pueblos, su gente e instituciones, se hacen grandes cuando pueden mostrar con orgullo su historia.

Juana
Ramona Vázquez Báez nació el 21 de julio de 1912 en el sector El Cedro de Sabana Grande, y falleció el 6 de diciembre de 1993. Sus padres fueron Don Monserrate Vázquez y Doña Asunción Báez. Ella tuvo 5 hermanos los cuales quedaron huérfanos desde pequeños y ella se hizo cargo del cuido diario de ellos. Actualmente le sobreviven tres: Hipólita Vázquez, Pedro Vázquez, e Isabel Vidro, esta última siendo hermana de madre.

Doña
Ramona se casó a los 30 años con el Sr. Johnny Pagán, y de esa unión matrimonial salieron 4 hijos: Anita Pagán, 2 gemelos que perdió a temprana edad, y Rosita Pagán; se divorció y luego tuvo 3 hijos más: Hermitania Flores, Domingo González, e Isabel Montalvo. Al nacer su hija Isabel, Doña Ramona se muda de el barrio que la vió nacer y se ubica en el barrio Machuchal de Sabana Grande; aunque el barrio Machuchal queda a varios kilómetros de distancia del pueblo, éste le quedaba más cerca que el sector Cedro.

Ella
bajaba todos los días al pueblo, caminando, para trabajar en la limpieza de casas, y por las tardes regresaba, a pie nuevamente, a su casa para llevarle la comida a sus hijos, los cuales crió sola toda vez que los padres de sus hijos nunca le ayudaron en nada, y tampoco - para esa época - habían las ayudas que hoy día se le dan a las personas de escasos recursos económicos. Para mantener a su familia, Ramona criaba animales y los vendía, de lo que de allí se ganaba era para los gastos de la casa y para alimentar a su familia.

Las
personas que la conocieron decían que ella fue siempre de un carácter fuerte, pero a la misma vez muy alegre. Ella sola se defendía, y ante las injusticias siempre alzaba la voz en defensa del menos afortunado.

Ramona
tenía dos refranes favoritos, que siempre los compartía con cualquier persona que conversara con ella; uno era: "Si el muerto me sale, se muere dos veces, porque yo no le tengo miedo"; y el otro lo adquirió cuando quedó viuda, que a los tres días de haberse muerto su compañero en el barrio hubo una fiesta y ella, ni corta ni perezosa, se fue a bailar y alguien le preguntó que si ella no tenía luto, a lo que respondió: "El muerto al hoyo y el vivo al piripollo, yo no lo mandé a que se muriera".

RAMONA, gozando durante las Fiestas Patronales de Sabana Grande

Cuando
ella quedó sola con una hija fue que empezó a salir a divertirse sanamente. Ya a las 3 de la tarde se maquillaba, se ponía sus prendas y su vestido pegaíto al cuerpo y se iba a bailar, ya fuera en mítines políticos, en fiestas navideñas, o en nuestras tradicionales Fiestas Patronales. Si por alguna razon no podía bajar a pie, nuestro Alcalde Papín Ortiz la mandaba a buscar, pues Ramona siempre era el alma de la fiesta, y cuando la actividad terminaba el se aseguraba de que llegara bien a su casa, porque Papín la quería y la apreciaba mucho.

He
aquí, compueblanos, parte de la historia de Ramona, como me lo contó su hija Isabel Montalvo. A los que la conocimos, pudimos disfrutar de su humor contagioso, de su alegría, de sus bailes; pero sobretodo de su humildad. Dios la tenga en su gloria.


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